LAICIDAD A LA GIJONESA

Por Ignacio García-Arango y Cienfuegos-Jovellanos

El equipo de Gobierno municipal de Gijón pretende alcanzar la cabeza de la laicidad española tras adelantar a esa gran capital de la misma que es la ciudad Rivas Vaciamadrid

 

En la norma, que se pretende aprobar en un futuro pleno, se establecen prohibiciones y obligaciones a los concejales y funcionarios, así como limitaciones a determinados colectivos por tener creencias y actitudes religiosas. También se retira el derecho a la exención gratuita en el uso de instalaciones municipales (que se otorga a cualquier otra adociacion para los suyos)   para los actos de este tipo que estarán sujetos al pago de los precios públicos. Exención que, reitero, poseen otros tipos de colectivos, fundamentados en otro hipo de creencias, desde la de coleccionista de objetos varios, hasta el identitarismo vario.

 

En el Reglamento se impone también al Ayuntamiento el  compromiso de promover los principios de aconfesionalidad o laicidad en los centros educativos públicos: es decir se pretende cesarizar la presencia eterna de los deseos de doña Ana, don Aurelio y de sus equipos de IU y PSOE.

 

Su propuesta implica además (indefectiblemente será un paso posterior) el cambio de día de las fiestas locales (pues llamar al día de San Pedro, “el día de los picapiedr@s” y al día de Begoña, “día de la mujer impoluta”, no parece ser opción realistamente viable). Lo digo porque el Reglamento prevé que en el futuro los actos religiosos «no se incorporarán como parte de la programación de los actos propios del Ayuntamiento o de las festividades locales». En ese contexto parece absurdo establecer fiestas en honor de seres inexistentes.

 

Señalo que el  Ayuntamiento tiene la justificación moral del gran apoyo  popular que tiene su propuesta pues el pasado año publicó en su web una consulta ciudadana sobre este asunto, por ser un paso obligado dentro de la Ley de Procedimiento Administrativo. La participación fue de 49 aportaciones, la mayoría de ellas para mostrarse contrarias a sacar del ámbito público las creencias personales. Desde ella, el Gobierno Municipal sacó la conclusión de que el resto del pueblo de Gijón quiere dejar de ser católico. Lo digo así crudamente, sin eufemismos, pues, tras dejar el margen la farisaica actitud de algunos que quieren ejercer, envuelta en patéticos tules, su violencia intelectual contra los distintos, esta medida no va contra el budismo de la China de la Montaña, ni siquiera  contra el admirado por algunos Islam, sino contra la Iglesia Católica;

 

Comprendo también esa actitud ambigua, pues solo los valientes plantean la lucha cara a cara.

 

Se puede resumir la noticia al decir que el equipo de Gobierno municipal de Gijón tiene su mayoría y la aplica para hacer tragar a la minoría su voluntad.  Eso pasó muchas veces en la historia y después, también como siempre, la vida dio sus vueltas. Por ello si analizamos la historia vemos que hay precedentes: Nerón aprovechó su laicismo para hacer fiestas populares mediante  la mezcla en el circo de fieras y réprobos equivocados. También los católicos sirvieron de teas para iluminar las verbenas de Roma.  

 

En otras épocas se pensó en cortar  la transmisión de la palabra mediante la guillotina. Durante la tercera década del siglo XX surgió el laicismo a la española que intentó desraizar a los réprobos, los curas, las monjas y los creyentes, torturándolos y matándolos, así como quemando y derrumbando su lugares de reunión.

 

Todos  los métodos fracasaron, pues la libertad del alma se siempre floreció más tarde: solo tenéis que ver de nuevo vivas las iglesias de nuestra Villa.

 

Hoy, su afán de hacer de Gijón un faro de la innovación mundial (tras respetar los intereses creados del complejo sindical-empresarial que controla nuestro cerrado e incompetitivo sistema feudal para el que trabaja donde le mandan)  la señora Alcaldesa de Gijon lidera una imaginativa línea intelectual para implantar el nuevo laicismo a la gijonesa. Él consiste en cerrar el espacio  vital a los católicos sin agresión física a través de una línea de acción que, mientras se cumpla la ley hay que obedecer: y lo hago. No obstante personalmente ella no me gusta porque la historia demuestra que frecuentemente evoluciona hacia una persecución intangible (véase la Alemania nazi y las sucesivas acciones contra los judíos) y que frecuentemente termina con una física; véase su intento de exterminación de los mismos: rezo para que no acabe en el anterior laicismo a la española, pues entonces todo sería muy triste.

 

De todos modos, reiteró que hay que aceptar lo que con un procedimiento democrático se apruebe: y después los opuestos a este reglamento deben  intentar cambiarlo. En cualquier caso estoy seguro que aunque la laicidad llegase al extremo, de las cenizas saldrían nuevos creyentes pues por mucha fuerza, radicalidad, intolerancia y decisión que se tenga, nadie puede erradicar las ideas de los demás, así como su libre difusión, sean católicas o de la China de la montaña,

 

¡Parece mentira que, después de tantos milenios de existencia de nuestra especie, algunas mujeres y algunos hombres todavía pretendan que la vida del género humano sea como dicen ellos: y punto!

 

Más dura será su caída.

 

Por eso: dejadlos vivir dentro de sus círculos de tiza.