¿Dónde está la Iglesia?

José Luis Magro en El Comercio

El título lo he sacado del libro 'Agustín de Hipona', de Peter Brown. Al constatar el perplejo lector las posiciones tan contrapuestas en la Iglesia en relación con el indulto a los políticos catalanes condenados en firme por los tribunales, uno no puede por menos de interrogarse:

¿Ubi Ecclesia? ¿Donde se asienta la auténtica Iglesia? ¿Quizá en el comunicado oficial de la Conferencia Episcopal favorable a los indultos como medio para alcanzar la paz y la concordia en la sociedad española? ¿O tal vez en el escrito del Señor Arzobispo de Oviedo, D. Jesús Sanz Montes, donde se limita a recordar que todos los indultos «tienen un itinerario que es claro en nuestro ordenamiento jurídico dentro de un Estado de derecho como es España» y que «no se pueden arbitrariamente conceder o negar»? ¿Y cómo no tener en cuenta, también, a la empresa que depende directamente de la Conferencia Episcopal Española? ¿Qué hacemos con los cientos de miles de seguidores de Carlos Herrera en la COPE, que un día sí y el siguiente también, denuncia las mentiras, las arbitrariedades y la transgresiones que el Gobierno Sánchez lleva a cabo contra nuestros derechos constitucionales? Estos oyentes, como bautizados, son miembros de la Iglesia y a muchos de ellos, como creyentes practicantes, la Iglesia les debe un mínimo de respeto a sus opiniones y no decantarse a favor de las tesis de la parte nacionalista-separatista sin haberles escuchado.

¿Donde está Iglesia? Este siglo XXI la está llevando a una situación límite, al conformar e imponer una cosmovisión sobre el sentido de la existencia humana radicalmente contraria a la que la Iglesia defendió durante siglos. Es S. Agustín uno de los primeros que mejor lo enuncia. Su catolicismo , dice Peter Brown, «refleja la actitud de un grupo con confianza en su poder para absorber al mundo sin perder su identidad». «La Iglesia ha dejado de dedicarse a defenderse a sí misma ante la sociedad para, con aplomo, desempeñar su misión histórica de dominar, asimilar y guiar un entero imperio». Es una institución llena de confianza, internacional y capaz de llevar a las masas del mundo civilizado las verdades de la filosofía de Platón. Una Iglesia que no desafía a la sociedad, sino que la guía.

Este modelo agustiniano conllevaba el sometimiento del poder temporal al poder espiritual. La Iglesia hace siglos que abandonó tal proyecto. Ahora ni lo desafía ni, mucho menos, lo intenta someter. Se limita a ofrecer y señalar el camino que puede llevar al hombre a encontrar el sentido de su existencia en Dios a través de Jesús de Nazaret. Y esta misión implica el compromiso de defender la libertad, la verdad, la justicia, los imperativos ético-morales y el cumplimiento de las leyes emanadas de los poderes legítimos para todos y cada uno de los ciudadanos. Y con aquellos que quebranten estos principios sin arrepentirse, no hay pacto posible apelando al perdón. Y si el sacerdote o el obispo lo defienden en casos similares a los citados, deberán exigir el arrepentimiento, el propósito de la enmienda y el cumplimiento de las penas dictadas por los tribunales. El perdón y la caridad tienen su fundamento en la fe pero no tienen potestad para eximir de sus penas a los que la justicia secular ha condenado.

El gran problema al que debe hacer frente la Iglesia, radica en un hecho fehaciente: que su cosmovisión está siendo suplantada en este siglo XXI por una de índole absolutamente determinista. La libertad es la base y el fundamento de toda la doctrina cristiana. Para la Iglesia la libertad se fundamenta en esa posibilidad que posee la persona de elegir entre varias opciones y la de asumir las consecuencias que puede acarrearle inclinarse por una u otra. Ahora triunfan los modelos de ingeniería social que diluyen el principio de la responsabilidad individual en la del grupo. Esta novísima cosmovisión no se apoya en la verdad objetiva, sino en la verdad que el grupo, o el pueblo asume acríticamente del menú que les sirven los todopoderosos medios de comunicación afines al poder. He aquí tres leyes elaboradas bajo el prisma de esta nueva cosmovisión: Ley Orgánica de la Regulación de la Eutanasia (24 de marzo de 2021. Ley Trans (29 de junio de 2021) y Ley de la Infancia (4 de junio de 2021). Y por supuesto la LOMMOE, que solo ha tenido en cuenta los planteamientos ideológicos de los que apoyan el Gobierno Sánchez.

Termino con una reflexión-interrogación: ¿Existe alguien que tenga el poder de inmiscuirse en lo que una persona cree que le está permitido esperar y que, por supuesto, no atente contra los derechos de sus conciudadanos?