El corazón de Arcelor

José María Urbano en El Comercio

Lakshmi Mittal cumplió con la agenda oficial de su visita del martes a Asturias, pero antes de abandonar el Principado quiso que su hijo Aditya le acompañara a una visita especial.

El fundador, propietario y presidente ejecutivo de ArcelorMittal aceptó estar en Asturias en la presentación del mayor proyecto de descarbonización que su compañía tiene planteado en este momento en Europa. Y cumplió a rajatabla la agenda que le habían preparado. Acompañó al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la puesta de largo oficial del 'memorándum de intenciones' del plan que se plantea para Asturias; a continuación se reunió con los responsables de las Federaciones estatales del Metal de UGT y CC OO, Pedro Hojas y Garbiñe Espejo respectivamente; y finalmente mantuvo un encuentro con el equipo directivo de Asturias y los jefes de departamento.

Listo. Una mañana completa. Pero en ese momento en el que ya habían concluido todos los actos previstos y todos los compromisos adquiridos, Lakshmi Mittal quiso que su hijo Aditya, consejero delegado de la compañía desde febrero de este año, conociera en primera persona la clave de esa idea milmillonaria que acababan de exponer nada menos que al presidente del Gobierno. En menos de veinte minutos se presentaron en los centros de I+D+i de Avilés, el auténtico laboratorio del que están saliendo los grandes avances de ArcelorMittal, el que ha logrado que en menos de un año España consiguiera subirse a la ola de la digitalización, la sostenibilidad y la descarbonización que tímidamente se había iniciado ya en Alemania, Francia y Bélgica simplemente porque en esos países el precio de la energía y las ayudas a las empresas electrointensivas les dan un plus de competitividad respecto a España.

Los Mittal, padre e hijo, visitaron expresamente en Avilés el laboratorio de 3D, el de recursos sostenibles y el edificio de New Frontier, con un 'guía' de lujo, Nicolás de Abajo, responsable máximo del emplazamiento tecnológico de Asturias y coordinador general de los diecisiete centros de I+D+i que la compañía tiene repartidos por el mundo. Él y José Manuel Arias, presidente de ArcelorMittal en España, se encargaron de los detalles en esa especie de visita guiada.

Hace un año aproximadamente, las condiciones que la gran industria electrointensiva como ArcelorMittal tenía en España, y sigue teniendo, para tratar de hacer competitivo su negocio y situarse a la altura de sus competidores europeos, hicieron que la compañía siderúrgica tomara algunas decisiones sin contar ya con nuestro país. Así sucedió con sus apuestas de descarbonización en Alemania, Francia y Bélgica, en donde cuestiones como el coste de la energía eléctrica, las compensaciones por interrumpibilidad y las ayudas por las emisiones de CO2 dejan a nuestro país en inferioridad de condiciones.

En ese periodo de un año, el gran salto cualitativo para poner en marcha un proyecto rompedor como el que se anunció el martes para Asturias y para el País Vasco se dio gracias a los centros de I+D+i de Avilés. Sin ese trabajo, hoy no se estaría hablando de lo mismo y nuestro horizonte sería el de un proceso integral con fecha de caducidad cuando los hornos altos y todo lo que conllevan alrededor agotaran su ciclo de vida activa.

Y ha sido tan importante ese trabajo de los grupos que lidera Nicolás de Abajo y sólo por encima de él Greg Ludkovsky -además de los responsables de cada división-, que de buenas a primeras el planteamiento de España se convierte en el más importante desde el mismo momento en que se habla de un compromiso en firme, el más serio, con planteamientos económicos y de fechas, con plazos de construcción y puesta en marcha.

Al final, la siderurgia española tarda más en subirse a la ola del acero 'verde', pero lo hace de una forma mucho más completa que sus competidores europeos, en donde se habla, por ejemplo en Gante o en Hamburgo, de plantas piloto para la captura de CO2 o la utilización del bioetanol, mientras que las de Asturias, y también la del País Vasco, son ya plantas reales si finalmente todo sale según lo previsto en el 'memorándum de intenciones'.

A nadie se le escapa que el plan anunciado va a tener una 'letra pequeña', no muy diferente de la que existe en el mundo cuando hablamos de la industria 4.0, es decir, la robotización, el 3D, la inteligencia artificial, el internet de las cosas. El problema de la sociedad reside en estos casos en la resistencia a cambiar la 'mirada', a entender que los nuevos procesos productivos dejan caducos los anteriores. Y eso va a tener un coste seguramente en el tamaño de las empresas e incluso en el empleo. Pero a la vez, también va a constituir una oportunidad para aprovechar la cantidad de actividades nuevas, algunas que ni nos podemos imaginar a día de hoy, y revolucionar también el entorno. Hace un año, ArcelorMittal no contemplaba un estudio tecnológico como el avanzado el martes. Y los centros de I+D+i de Avilés lo han hecho posible en buena medida.

Por lo tanto, estos centros que dirige Nicolás de Abajo y que Lakshmi Mittal quiso enseñar a su hijo, pueden y deben ser el gran revulsivo y el que ofrezca en el Principado de Asturias nuevas posibilidades que compensen los ajustes que seguramente habrá que abordar. En todo caso, en Avilés seguirá estando el corazón del líder mundial de la siderurgia y eso solo puede seguir provocando buenas noticias como la de esta semana.