Álvarez-Cascos: “Cuando la palabra de los servidores públicos carece de valor, el bien cívico de la convivencia se resquebraja y sus escombros se convierten en detonantes del volátil combustible causante de los conflictos sociales que conducen a los pueblos a su empobrecimiento”

“El valor de la palabra es lo único que uno no puede perder. Es el fundamento de la confianza colectiva para garantizar la transparencia en cualquier acción de Gobierno, y asegurar que toda Administración Pública elegida por los ciudadanos favorezca siempre nuestro progreso y nuestro bienestar”

“Permítanme la licencia de incluir en los buenos ejemplos el nombre de mi compañero y amigo Pedro Leal que cada día antepone sus principios y el valor de su palabra sin amedrentarse ante las descalificaciones de quienes están devolviendo la política asturiana a los tiempos de los Pactos del Duernu, que tanta decadencia ocasionan a nuestra tierra”

Gijón, 25 de noviembre de 2021

Francisco Álvarez-Cascos recibió en la tarde de hoy de manos del residente de ASVEPA, José Antonio Martínez Piedra, la distinción de Socio Honorífico en un acto celebrado en su sede social de Gijón. En su intervención de agradecimiento, Francisco Álvarez-Cascos resaltó el valor de la palabra en la vida pública y afirmó que “Cuando la palabra de los servidores públicos carece de valor y dejan de ser personas de fiar, el bien cívico valiosísimo de la convivencia democrática se resquebraja y acaba convirtiendo sus escombros en detonantes del desencanto ciudadano, el volátil combustible causante de los conflictos sociales que a lo largo de la historia de los pueblos conducen indefectiblemente a su empobrecimiento”.

Álvarez-Cascos añadió que “El valor de la palabra es lo único que uno no puede perder. Esta no es una reflexión simplemente filosófica de ámbito puramente ético y personal. Es un principio rector básico de nuestra convivencia y el fundamento de la confianza colectiva para garantizar la transparencia en cualquier acción democrática de Gobierno, y para asegurar que toda Administración Pública elegida por los ciudadanos favorezca siempre nuestro progreso y nuestro bienestar”


También dedicó unas palabras a su compañero, Pedro Leal, allí presente, y dijo: “permítanme la licencia en este punto de incluir en el tamiz de los buenos ejemplos el nombre propio de mi compañero, amigo y diputado Pedro Leal Llaneza que cada día antepone sus principios y pone en valor su palabra sin amedrentarse ante los ataques y las descalificaciones de quienes desde el establishment están devolviendo la política institucional y partidista asturiana a los tiempos que algunos queremos desterrar para siempre de los Pactos del Duernu, que tanta decadencia ocasionan a nuestra tierra”.


En homenaje a ASVEPA y a los valores de la milicia, tras recordar su paso por la Compañía de Zapadores en el acuartelamiento de El Coto, bajo el mando del comandante Cienfuegos, Álvarez-Cascos recitó la famosa ‘Oda al soldado’ de Pedro calderón de la Barca.


TEXTO ÍNTEGRO DE LA INTERVENCIÓN DE FRANCISCO ÁLVAREZ-CASCOS


Estimado José Antonio, presidente de ASVEPA /Estimados miembros de ASVEPA/ Amigas y Amigos:


Es deber de cortesía que las primeras palabras sean de agradecimiento al promotor de mi candidatura de Socio Honorario, Senén Morán, a la Junta Directiva de ASVEPA que me concedió el nombramiento y a ti, José Antonio Martínez Piedra, su presidente, quien con tanto entusiasmo como eficacia has cuidado la organización de este acto y me has dispensado unas atenciones muy poco habituales para que todo resulte a la altura del nivel con el que ASVEPA acostumbra a realizar sus actividades. 


Acabáis de hacer Socio Honorario a otro veterano como vosotros, formado como cadete en el zamorano campamento de milicias universitarias de Montelarreina y que realizó sus prácticas de alférez de complemento en el Regimiento de Ingenieros Zapadores de El Coto de Gijón, a las órdenes del comandante Fernández Cienfuegos en el año 1972.


Por éste y por otros muchos motivos, me siento muy identificado con los compromisos de confraternidad, de camaradería y de solidaridad que caracterizan a esta Asociación, tanto a sus miembros a nivel interno, como en su proyección hacia toda la sociedad asturiana y española con vuestras presencias públicas. También quiero expresar en este acto mi sincera admiración hacia las actividades que anualmente desplegáis y que merecen ser conocidas por cuantas personas consideren que el espíritu cívico que las preside debería de generalizarse mucho más entre la ciudadanía. Basta curiosear en las impecables Memorias anuales de ASVEPA para reconocer objetivamente que no estoy haciendo un elogio de trámite con cumplidos a vuestra deferencia sino que cualquier persona puede comprobarlo porque las Memorias están a disposición porque así lo exigen las obligaciones municipales de publicación. Enhorabuena por ello, José Antonio, y muchas gracias a todos por vuestra labor cívica.


Pero hay algo todavía más especial que me hace sentirme unido a ASVEPA. Quien conozca o lea los Estatutos de ASVEPA podrá comprobar que contienen apartados donde se establecen cuales son los deberes de los miembros de ASVEPA. Lo dicen expresamente:


--cumplir los acuerdos, compartir los fines, y colaborar en la consecución de los mismos; en resumen, ser personas de fiar.

A mí me parece que éste es uno de los principios clave de cualquier sociedad seria: la confianza se gana cuando se pone en valor “la palabra”, principio sin el cual todo el edificio de la sociedad avanzada se viene abajo. Hay muchas formas de reconocer y de explicar el valor universal de este principio. Soy un lector aficionado a unas novelas de aventuras muy amenas y famosas, escritas por Tom Clancy, que tienen como protagonista a Jack Ryan, un agente norteamericano de la CIA de origen irlandés. Alguna de estas novelas fue llevada al cine con éxito, como la protagonizada en 1994 por Harrison Ford titulada “Peligro inminente”. En un diálogo antológico que tiene lugar en la habitación de un hospital, el Almirante Greer, Director de Inteligencia de la CIA (papel interpretado por James Earl Jones), le transmite en su lecho de muerte a su asistente especial y candidato a sucesor, Jack Ryan (Harrison Ford), un consejo memorable:


“Tu prestaste juramento. Recuérdalo. Cuando entraste a trabajar conmigo en el Departamento de Seguridad Nacional, diste tu palabra al pueblo de EE. UU. Y uno vale tanto como su palabra”

 

El valor de la palabra es lo único que uno no puede perder. Esta no es una reflexión simplemente filosófica de ámbito puramente ético y personal. Es un principio rector básico de nuestra convivencia y el fundamento de la confianza colectiva para garantizar la transparencia en cualquier acción democrática de Gobierno, y para asegurar que toda Administración Pública elegida por los ciudadanos favorezca siempre nuestro progreso y nuestro bienestar.


No estoy hablando de algo intangible, ni de conceptos morales que algunos podrían sostener que son ideas trasnochadas o valores pasados de moda, sencillamente porque sus consecuencias son de rabiosa actualidad.  Es fácil recordar ejemplos que todos tenemos a la vista.


--Cuando la palabra del gobernante o del político carece de valor, no puede resultar sorprendente que la promesa de ‘no pactaré jamás’ se convierta en ‘gobernaremos siempre juntos’; o que los compromisos de bajar el precio de la energía se traduzcan en las facturas de la luz más altas de la historia. –


--Cuando la palabra del gobernante o del político carece de valor, no puede extrañar que las comunicaciones de un país o de una ciudad lleven una década paralizadas, malversando fondos públicos; o que las inversiones de una Comunidad Autónoma se queden cada año en el 21 % de lo prometido mientras aumenta su deuda.


--Cuando la palabra del dirigente político carece de valor, no puede extrañar que se cometan felonías del calibre de traicionar desvergonzadamente a miles de votantes apoyando lo contrario que prometía por escrito el Programa Electoral y que defendieron con su palabra todos los candidatos.

Y permítanme la licencia en este punto de incluir en el tamiz de los buenos ejemplos el nombre propio de mi compañero, amigo y diputado Pedro Leal Llaneza que cada día antepone sus principios y pone en valor su palabra sin amedrentarse ante los ataques y las descalificaciones de quienes desde el establishment están devolviendo la política institucional y partidista asturiana a los tiempos que algunos queremos desterrar para siempre de los Pactos del Duernu, que tanta decadencia ocasionan a nuestra tierra.

Cuando la palabra de los servidores públicos carece de valor y dejan de ser personas de fiar, el bien cívico valiosísimo de la convivencia democrática se resquebraja y acaba convirtiendo sus escombros en detonantes del desencanto ciudadano, el volátil combustible causante de los conflictos sociales que a lo largo de la historia de los pueblos conducen indefectiblemente a su empobrecimiento.

Acabamos de escuchar en boca de la persona con la mayor responsabilidad política que en España la recuperación es “robusta y rápida”. Y esto se dice tres meses después de conocerse la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) del año 2020 elaborada por el INE, que señala que “el porcentaje de población en riesgo de pobreza o exclusión social (tasa AROPE) aumentó al 26,4%, desde el 25,3% de 2019. El 7,0% de la población se encontraba en situación de carencia material severa, frente al 4,7% del año anterior”.

Arropado por la propaganda oficial, pregona que “la recuperación es robusta y rápida” un mes después de conmemorar a nivel mundial el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza. Con tal motivo se presentó el informe ‘El Estado de la Pobreza. España 2020 X Informe anual sobre el riesgo de pobreza y exclusión’ realizado por la Red Europea contra la Pobreza (ESPN), una coalición independiente de ONG y otros grupos involucrados en la lucha contra la pobreza y la exclusión social en los Estados miembro de la Unión Europea. Sólo en España tenemos 11,8 millones personas (25,3% de la población) se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social.

Dentro de este panorama nacional, la realidad asturiana aún es más lamentable.  Como botón de muestra, la semana pasada nos informó SADEI (Sociedad Asturiana de Estudios Económicos e Industriales) una sociedad pública adscrita a la Consejería de Hacienda del Principado de Asturias, en su informe sobre “Movimiento Natural de la Población” que en lo que llevamos de año 2021, Asturias ha vuelto a perder 6.330 habitantes; perdimos en los nueve primeros meses del año tanta población como tiene, por ejemplo, el municipio de Cangas de Onís. Pero esto no parece importar nada a los prestidigitadores del circo de “la mejor Asturias”, que nos entretienen a los asturianos con su negocio del truco de la “oficialidá”.

Quiero concluir mi intervención ante ASVEPA reivindicando el valor de la palabra, como principio rector del crédito personal y de nuestra convivencia cívica, así como requisito esencial del progreso social. 

En homenaje a los valores de la milicia que representáis los veteranos paracaidistas prefiero hacerlo citando las estrofas de la Oda famosa (1) de Calderón de la Barca quien, además de hombre de letras, fue también hombre de armas.

 

Ese Ejército que ves
vago al hielo y al calor,
la República mejor
y más política es
del mundo, en que nadie espere,
que ser preferido pueda,
por la nobleza que hereda,
sino por la que él adquiere;
porque aquí a la sangre excede
el lugar que uno se hace,
y sin mirar cómo nace
se mira cómo procede;

aquí la necesidad
no es infamia;
y si es honrado,
pobre y desnudo un soldado
tiene mayor calidad
que el más galán y lucido;
porque aquí a lo que sospecho,
no adorna el vestido al pecho,
que el pecho adorna al vestido;


Y así, de modestia llenos
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.

Aquí la más principal
hazaña es obedecer,

y el modo cómo ha de ser,
es ni pedir, ni rehusar.

Aquí, en fin, la cortesía,
el buen trato, la verdad,

la fineza, la lealtad,
el honor, la bizarría;
el crédito, la opinión,
la constancia, la paciencia,
la humildad y la obediencia,
fama, honor y vida son
caudal de pobres Soldados,
que en buena, o mala fortuna,
la Milicia no es más que una
Religión de hombres honrados.

¡¡Muchas gracias ASVEPA!!

 

CALDERÓN DE LA BARCA. Comedia “Para vencer a Amor, querer vencerle”